Pertenecer a una mara no es cosa fácil. Dejarla es aún más difícil. Algunas piden pruebas y el aspirante debe ser confiable para el resto de los mareros. Los tatuajes con el número de la mara en la cara, cuello, cabeza o pecho, hacen que el compromiso con el grupo sea imborrable. Una mara es más que una pandilla como se conocían, es un barrio, una calle, una banda, el compromiso de una vida entera.
Victor J. Blue es un fotógrafo norteamericano que quedó impactado con la imagen de las maras en Centroamérica. Guatemala, México, El Salvador y Honduras son los países más influenciados por estas bandas que se adueñan de los barrios y pelean a balazos por la supremacía. Desde 2001 que recorre América Central capturando las imágenes de estas bandas armadas que componen este registro. Sus fotografías han aparecido en la revista Time, Newsweek y los diarios Le Monde y San Francisco Chronicle.













































