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Jörg Brüggemann

por Joia Magazine el 4 de junio de 2012

La Hermandad Mundial del Metal
1979 Herne, Alemania
www.joergbrueggemann.com

Por Constanza Briones.

“El metal es un container que se puede llenar con muchas realidades diferentes”



Jörg Brüggemann estaba feliz cuando sus padres instalaron MTV en su casa en Herne, ciudad del oeste germano y principal extractora de carbón del país. Tenía 12 años y el tiempo transcurría muy normalmente mientras se juntaba con sus amigos en la calle a jugar con muñecos He-Man… Pero un buen día todo cambió: vio el video de “You Could be mine”, de Guns N` Roses, y con él conoció el metal. Ya nada volvería a ser lo mismo.

Metallica, Sepultura y Pantera fueron las primeras bandas que le volaron la cabeza. Entonces comenzó a intercambiar música con los amigos del barrio: eran 8 en esa época; 7 de ellos hoy tocan en bandas hardcore. Brüggemann fue el único que no tomó un instrumento, pero nunca se alejó de la música.

Su mamá le regaló la clásica Canon AE1 cuando cumplió 14 años, y estuvo varios años sacando fotos, hasta que un día la dejó botada. No fue sino hasta que llegó a Buenos Aires, como estudiante universitario de intercambio, que volvió a tomar la cámara y a pensar en ella como herramienta de trabajo. La ciudad, su construcción y la gente lo inspiraron a ver la ciudad a través del lente. Ese viaje incluso lo trajo a Chile un par de semanas, visita de la cual aún guarda coloridas imágenes de las casas del barrio Bellavista. De vuelta a su tierra natal persistió el interés en la fotografía y así, a los 25 años, se inscribió en la Facultad de Artes de la Universidad de Bremen.

Ya se estaba dedicando a la fotografía cuando vio el documental “Global Metal”, que sigue el viaje de Sam Dunn (fanático y músico del heavy metal) por lugares como Asia, Oriente Medio y América explorando la escena más extrema del metal mundial. Jörg, que ya era un fanático del tema, quedó encantado con lo que vio: músicos, que a diferencia de otros estilos musicales, no solamente absorben el material que se produce en occidente sino que crean su propio estilo, transformando el metal en una importante manera de expresión ideológica en países dominados por conflictos políticos, culturales y religiosos. El descubrimiento de que la música une a millones de personas en todos los lugares del mundo lo fascinó, y lo motivó a iniciar el proyecto fotográfico cuyo resultado finalmente recibió el título de Metalheads.

Sin fronteras



Jörg Brüggemann habló con un amigo que era manager de una banda de metalcore alemán y se fue de gira con ellos. Así recorrió los más importantes festivales europeos del metal. Austria, Suiza y Alemania (donde el famoso festival Wacken Open Air reúne a más de 80 mil fanáticos) fueron los primeros países. Luego, cada vez que juntaba un dinero, partía de viaje a festivales en Brasil, Egipto, Indonesia, Argentina, Malasia y Estados Unidos. Durante tres años estuvo viajando y retratando a los fanáticos del metal que encontró por todo el mundo.

Varios países le impresionaron, tanto por la cantidad como por el fanatismo. En Indonesia quedó impresionado con la amplitud de la escena: el metal es casi el estilo de música dominante y existen miles de bandas. En todas las ciudades hay muchos músicos y miles de seguidores. La gran mayoría de los jóvenes usan camisetas de bandas metaleras, situación que se extiende más allá de las fronteras, debido a que Indonesia es un gran productor de ropa, tanto para el mercado interno como para la exportación.

Por otro lado, países como Argentina o Brasil también tienen escenas y bandas muy poderosas, miles de seguidores y festivales mundialmente importantes. Pero ¿qué tienen en común los millones de metaleros de Yakarta con los de Buenos Aires o los de Berlín? En palabras de Brüggemann: “Algunos de ellos no pertenecen en ningún otro lugar más que al metal. A algunos les gusta pertenecer a algo que representa libertad. A otros les gusta estar en contra del sistema. El metal es un container que se puede llenar con muchas realidades diferentes”.

Según Brüggemann, hoy el metal está más fuerte que nunca. Incluso más que en su explosión en los ochenta cuando fue comercialmente más exitoso. Internet ha propagado el género aún más y ha permitido el acceso a la música a millones de personas. Hay seguidores del metal de todas las religiones, nacionalidades, clases sociales y edades. Hay bandas medievales, vikingas, evangélicas, musulmanas, nacionalistas y de cualquier ideología. El metal no distingue fronteras ni idiomas, porque invoca sentimientos que se expresan de manera cruda. Una catarsis musical que no importa dónde nazca, porque puede identificar a cualquiera que se sienta apartado, distinto, rabioso, oscuro o solo. Así se crea el sentido de pertenencia del que habla el fotógrafo, pertenecer a algo que va mucho más allá del lugar donde vives o el idioma que hablas: se trata de pertenecer a una hermandad musical mundial.

A través de los tres años de viaje, el fotógrafo se ha relacionado con miles de seguidores y ha retratado a los que más han llamado su atención. En marzo de este año, las fotografías se convirtieron en un libro de 144 páginas que también ha girado por distintos lugares del mundo, propagando la idea de esta hermandad mundial que no conoce el paso de los años ni de las fronteras, ni de las religiones ni de los idiomas. Tal vez la última, de este tipo de hermandades, que aún existe. Y, según dicen, con más fuerza que nunca.







Comentarios: 1 Comentario.

1 Comentario en “Jörg Brüggemann”

  1. felipe berbelagua dice:

    las dos cosas que mas me motivan, musica y fotografia ma-ravilloso

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